Me cuesta hablar de mi si no lo hago en referencia a mi camino, a la gente que me he encontrado en él,  lo que han dejado en mí , y cómo me he sentido.

No sé de donde vengo…ni donde voy..sé que estoy vivo, y tengo la gran suerte de poder experimentar..

Sé que aquí estoy gracias a mis padres Ramiro y Emilia, a quienes debo la vida y eso es lo máximo. Siento que me amaron profundamente, aunque no supieran expresarlo. De ellos puedo valorar con el tiempo lo difícil que es ser padre/madre. Les agradezco su entrega, trabajo y cuidado , y les valoro su empeño en hacernos sobretodo buenas personas. Aunque no nos entendíamos, aunque no lo supiera ver, siempre estuvieron junto a mí.  Y si en muchos casos me sentí más exigido que querido, ahora comprendo que era su manera de entender la vida.. aunque en su momento dejara sus heridas en mi.

De mi relación con mi Madre, de carácter fuerte y autoritario, aprendí a defender mis criterios ya de pequeño y eso me costó mis peleas y mis luchas de poder, que aún mantengo con todas las formas de autoridad. Con ella desarrollé mi polaridad “obediencia /rebeldía”, ambas muy presentes en mi carácter.

De mi Padre me queda su sonrisa , su ironía y levedad ante las cosas. También hay de ello en mí, sobretodo en mi humor irónico y en mi intento de enfriar  las situaciones tensas. Esto también abre otra polaridad mía: la intensidad, el dramatismo y la pasión , la misma con que la que mi madre vivía las cosas.

Aunque no viví en un ambiente demasiado amoroso , yo siempre me sentí feliz en mi hogar. Compartí esa importante etapa con mis tres hermanos (Montse, Maite y Ramiro) cómplices de travesuras, compañeros de juego, rivales, y testigos bulliciosos de nuestro día a día. Quizás por la cercanía física, ya buscaba mi propio espacio y empezaba a mostrarme más independiente. No tuvimos muchas muestras de cariño entre nosotros, sentimiento que reconozco que a mí me daba vergüenza expresar. Con el paso del tiempo hemos aprendido a mostrarnos el afecto de una manera más fluida y natural.

Afortunadamente supe alternar el estudio con el juego y la diversión. Mis amigos de la plaza, entrañable pandilla de niños inquietos , curiosos y juguetones. Crecimos juntos en la escuela de la calle, imaginando e ingeniando formas inverosímiles de pasar el tiempo. Con pocas cosas, tirábamos de creatividad y atrevimiento para vivir nuestras aventuras. Allí se fraguó la base de mi carácter juguetón, aventurero y creativo.

Mi paso por la adolescencia supuso un revolcón a mis esquemas ordenados, al descubrir el placer por la fiesta, los amigos y las chicas. Me abrí a experiencias nuevas y sugestivas que me ampliaron el horizonte.

Mi paso por la Universidad  supuso para mí una prueba durísima de sacrificio y esfuerzo . De ahí aprendí a economizar mi tiempo,  y a buscar soluciones lógicas a los problemas. El contacto con la ciencia tecnológica y describir la realidad con relaciones matemáticas no me gustó y reconozco que me desmotivó.

Y eso empeoró en mi trabajo,  ya que cuando comencé a trabajar en mi primera etapa en Telefónica de España y no encontré en el mundo laboral real la aplicación práctica de lo que había estudiado, y más en aquella primera etapa que era una empresa pública, con aire acomodado y con pocas ganas de evolucionar. Eso cambió radicalmente más adelante.

Quizá la falta de tensión laboral y mi necesidad de crear, me llevó a interesarme por otros temas más sociales. Objetor de Conciencia, tuve la suerte de evitar el servicio militar obligatorio, y poder realizar a cambio una prestación social substitutoria que me puso en contacto con organizaciones que trabajan con los jóvenes y con lo que se llamaba entonces el “tercer mundo”. A raíz de esto pude conocer y participar activamente en alguna ONG como SETEM.

En paralelo, organizamos en el barrio de Montbau (Barcelona) el “Grup de Joves”(JPM): Organización promovida por y para Jóvenes que dinamizó el barrio durante bastantes años: deportes, música, ecología, solidaridad, cultura, grupos de reflexión, y actividades para el barrio.

Dentro de la solidaridad viajé a Nicaragua en 1993, con una brigada organizada por SETEM, y organicé otra para el 1994. Establecimos en el barrio un hermanamiento con un grupo de Jóvenes de Managua, y pusimos en marcha el proyecto-ONG “Montbau Solidari”, que promovió y sufragó durante años un proyecto de construcción y mantenimiento de una red de consultorios de medicina natural en Nicaragua. Nuestros interlocutores y compañeros en aquel país pertenecían por entonces a las Comunidades Eclesiales de Base y el Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN, de marcado carisma revolucionario.

De esta etapa me queda el sabor de la creatividad , el compañerismo, la lucha, el compromiso , la diversión, el agradecimiento y el convencimiento de que las grandes cosas las hacen las grandes personas.

A nivel espiritual, muchos de aquellos jóvenes ya veníamos participando años atrás de encuentros internacionales europeos de TAIZÈ, comunidad ecuménica del norte de Francia que promueve el diálogo entre culturas y religiones. Por entonces, estaba presente en mi la inquietud religiosa fruto de la educación de mis padres, y sentí la curiosidad de formarme en Diploma en Teología . De estas dos experiencias, junto a la más social de las Comunidades de Base  de Nicaragua, afines a la teología de la liberación, marcan claramente mi tendencia espiritual, holística, abierta, sin formas y sin liturgias..muy cerca de un humanismo excéptico, aunque abierto a lo trascendente.

A nivel personal, me casé con Enia , dejando atrás una etapa de muchas relaciones intensas e inmaduras,propias de la edad. De manera natural me adapté a un nuevo modelo de vida más estable y confortable. Trabajamos juntos, compartimos y crecimos juntos, y así aprendimos a querernos. Lo definiría como una relación serena y suave, sin tensiones . La primera de mi vida. Seguramente por mi inmadurez, no supe o tuve miedo de entregar todo el cariño y alimentar emocionalmente la relación como  hubiera deseado.

Fueron años bonitos y felices, y de ellos nacieron mis dos hijos Eric y Marc. Experiencia mágica,  tan bonita como inesperada. Nunca me imaginé como pudieron atraparme estos dos “bichitos” de manera tan incondicional, y como mi ternura afloró con tanta facilidad. La experiencia de Padre también ha supuesto un antes y un después, y he descubierto en ella una forma de amar donde me entrego de manera incondicional. Desde que están ellos, mi día a día está continuamente coloreado con sus vidas. Tienen la virtud de estar por encima mío, de apartarme temporalmente de mi ego natural.

Con mi separación viví  la experiencia más dura de mi vida. Sentí la necesidad de vivirlo. Las consecuencias eran importantes, pues cambiar la vida de mis seres queridos suponía para mí algo dramático e injusto. Todo esto me costó sufrimiento, responsabilidad y tristeza, que se juntaban con la alegría de hacer lo que necesitaba. En esta etapa de mi vida pude experimentar sobre mí el juicio y el  abandono.

Hoy en día, y asumiendo que pasó lo que tenía que pasar, tengo que decir que los dos hemos crecido muchísimo. Así lo siento, ambos hemos aprendido a explorar en lugares donde no nos atrevíamos, a expandirnos, a responsabilizarnos de nosotros mismos, y a ser libres. Reconociendo el amor y el cariño que nos tenemos desde esta nueva posición, no puedo sino tener palabras de agradecimiento hacia ella por haber sabido sostener la rabia y haberla transformado poco a poco en aceptación, permitiendo que hoy en día tengamos una relación tan cercana y entrañable. Me alegro por nosotros y nuestro hijos.

De las relaciones que han seguido después, me quedo con lo bonito, lo que sumamos, aprendí cosas nuevas y exploré caminos diferentes , descubrí  lo importante que es para mí sentirme libre y respetado por ser como soy.

Me siento conectado con la vida y me siento libre. Afronto mis relaciones con ganas y responsabilidad, y las disfruto con libertad. Reconozco mi gusto por lo femenino, muy presente siempre en mí, y que recientemente me lleva también a explorar y disfrutar mi propia feminidad y ternura. En esta etapa tengo la oportunidad de explorar también mis partes oscuras, las feas, las que mi autoimagen repudia. Asumirlas e integrarlas.

Mi etapa laboral actual, en una Telefónica privada y líder en Telecomunicaciones, es de más responsabilidad y motivadora. He pasado de la apatía a un ritmo frenético y creativo, que en el fondo me gusta, me hacer sentir vivo, aunque quitaría los episodios de stress que a menudo planean.

Si vuelvo la vista atrás siento agradecimiento por tantas personas que han compartido su tiempo y su camino conmigo en esta compañía. Muchos ya no están y otros siguen ahí.

En los últimos años he podido cursar la formación como TERAPEUTA GESTALT, de gran crecimiento y aprovechamiento personal para mi , y que me motiva actualmente a dedicarme a esta tarea . También ha supuesto un punto de inflexión en la manera de relacionarme conmigo mismo y con el otro. Me siento feliz por haber vivido con mis compañeros y tutores esta experiencia tan vital y rica, sin la cual no hubiera podido percibir de manera tan profunda la esencia de mi vida.

Otro rasgo importante de mí es mi pasión por el deporte: una mezcla extraña de ejercicio físico, superación, plasticidad, compañerismo y , cómo no, ego.

Me sigue acompañando la música allí donde voy, dando color a mis sentimientos, como forma de expresión que  más me ayuda a conectar con las emociones. Siempre está presente en lo que hago. Gracias Juan Carlos, maestro, amigo y hermano..

En la vida hay personas que son como ángeles, maestros que te van guiando el camino. En mi caso es Che, que siempre me ha precedido y me ha ido abriendo muchas de las puertas que he transitado. Mi profundo agradecimiento.

Y, por último, disfruto cada día de la mirada y presencia de mis dos niñas: Lola y Karty , las dos gatitas que me permiten vivir en su casa, que me sirven de inspiración natural de lo que es estar presente, es la mirada que me gustaría tener como terapeuta.

Javi

itaca